Dicen que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perduran. Con el tiempo, la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparece.
- Rose Kennedy
Dicen que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perduran. Con el tiempo, la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparece.
Los fallos y defectos de la mente son como las heridas en el cuerpo, aunque se empleen todos los cuidados imaginables para curarlas siempre quedará una cicatriz.
El hombre que más necesita vacaciones es aquel que acaba de tenerlas.
En una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario.
El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses.
Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.
Hay quienes sólo utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos.
El peso de la casa no recae sobre la tierra, sino sobre una mujer.
Muchas cosas cambian en la vida, pero uno comienza y acaba en la familia.
Un estadounidense no tiene sentido de la intimidad, no sabe lo que significa. En este país no existe.
Una fotografía es un secreto sobre otro, cuanto más te dice, menos sabes.
Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien, éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente.
Si hay violencia en nuestros corazones es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia.
El asesinato es lo único que elimina a la persona que hiere, de modo que la sociedad debe ocupar el lugar de la víctima y exigir en su nombre la expiración o conceder el perdón.
Cuando llueva de verdad, el agua se llevará toda la escoria de la calle.
El individuo siempre ha tenido que luchar para evitar ser dominado por la tribu.
Lo que cuenta al final no son los años de tu vida, sino la vida de tus años.
Deberíamos conocer lo que nos confunde de aquellos con los que vivimos y a los que queremos.
¿Quién no ha sondeado en su mente las aguas turbulentas?
Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros. Lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal.
El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.
Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas.
Lo que para unos es comida, para otros es amargo veneno.
No valores el trabajo hasta que acabe el día y la tarea esté hecha.
El mal siempre es mediocre y siempre humano, comparte nuestra cama y come en nuestra mesa.
Las lágrimas más amargas que se derraman sobre nuestras tumbas son por las palabras nunca dichas y las obras inacabadas.
Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen.
Por desgracia la superabundancia de sueños se paga con un número creciente de pesadillas.
Tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿estoy loco yo o los locos son los demás?